Mi hijo tiene llagas en la boca y fiebre: qué es y qué hacer

Dentista infantil Publicado 7 Oct 2026 6 min
Niño con fiebre y llagas en la boca representadas por puntos y formas geométricas

Llagas por toda la boca y fiebre en un niño suelen ser una gingivoestomatitis herpética: cómo se reconoce, qué hacer en casa y cuándo consultar.

Si tu hijo tiene ampollas y llagas repartidas por toda la boca y fiebre, lo más frecuente a esas edades es una gingivoestomatitis herpética: el primer contacto del cuerpo con el virus del herpes simple tipo 1. Es aparatosa y dolorosa, pero se resuelve sola en una o dos semanas. Lo que de verdad decide esos días es que el niño siga bebiendo y que le duela lo menos posible. El diagnóstico lo pone el pediatra o el dentista; esta guía te ayuda a reconocerla, a organizar la casa y a saber cuándo no conviene esperar.

Cómo se reconoce

El cuadro suele seguir un orden bastante reconocible, y casi siempre aparece entre los seis meses y los cinco años, cuando el niño se encuentra con el virus por primera vez.

  • Primero la fiebre y el malestar. Puede subir bastante y aparecer uno o dos días antes de que se vea nada en la boca. El niño está irritable, come peor y duerme mal.
  • Después las lesiones. Salen pequeñas ampollas en las encías, la lengua, el paladar, los labios y la cara interna de las mejillas. Se rompen enseguida y dejan úlceras redondeadas, blanquecinas o amarillentas, con el borde rojo.
  • Las encías, muy inflamadas. Es el rasgo que más orienta: encías rojas, hinchadas y que sangran al menor roce, incluso en zonas donde no hay ninguna llaga.
  • Babeo, mal aliento y rechazo de la comida. Tragar duele, así que el niño retiene la saliva y escupe o babea más de lo normal.
  • Ganglios del cuello aumentados. Se notan como bolitas móviles bajo la mandíbula.

En los días siguientes la fiebre baja, las úlceras se van cubriendo y la boca deja de sangrar. Las lesiones curan sin dejar marca.

Por qué no son aftas ni «los dientes»

Es muy habitual atribuirlo a la salida de los dientes o pensar que son aftas de las de siempre, y conviene separar las tres cosas porque el manejo cambia.

Las aftas comunes suelen ser una o dos lesiones, aparecen sin fiebre, no inflaman las encías en conjunto y no se contagian. Puedes ver cómo se reconocen en nuestra guía sobre aftas y llagas en la boca. La erupción dentaria puede dar molestias locales y babeo, pero no llena la boca de úlceras ni provoca una gingivitis generalizada. Y el muguet del lactante son placas blancas que se desprenden, sin ese sangrado de encías; lo explicamos en la guía sobre manchas blancas en la boca del bebé.

La gingivoestomatitis herpética, en cambio, es una infección vírica y es contagiosa: se transmite por la saliva y por el contacto directo con las lesiones. Después de esta primera vez, el virus permanece en el organismo y en algunas personas reaparece de forma mucho más leve como herpes labial, la típica calentura del labio.

Lo que importa de verdad en casa

No hay nada que acorte el cuadro de manera milagrosa, así que el objetivo es controlar el dolor y evitar que el niño se deshidrate.

  • Líquidos por delante de la comida. Agua, leche o caldos fríos, en sorbos pequeños y frecuentes. Si rechaza el vaso, prueba con una cuchara o una jeringa de dosificación.
  • Frío y texturas suaves. Yogur, gelatina, purés templados o fríos, helado o batidos. Los cítricos, el tomate, los refrescos, lo salado y lo muy caliente escuecen sobre una úlcera.
  • Analgésicos, según pauta. El pediatra indicará qué dar y en qué dosis por el peso del niño. Hay más ideas prácticas en la guía sobre qué darle a un niño con dolor de boca hasta ver al profesional.
  • Higiene suave, no higiene cero. Cepillo muy blando y poca presión. Si no tolera el cepillado, limpia con una gasa húmeda y retómalo en cuanto pueda.
  • Evitar el contagio. No compartir vasos, cubiertos, chupetes ni toallas, lavado de manos frecuente y no dejar que bese a bebés pequeños mientras tenga lesiones.

Dos cosas que conviene no hacer: pinchar o reventar las ampollas, y aplicar por iniciativa propia geles anestésicos, colutorios con alcohol, corticoides o antivíricos sobrantes de otra ocasión. En niños pequeños, algunos de esos productos no son adecuados y otros solo tienen sentido si los indica un profesional y en las primeras horas del cuadro.

Cuándo consultar y cuándo es urgencia

Lo razonable es que lo vea el pediatra o el dentista en los primeros días, sobre todo si es la primera vez y no tienes claro qué está pasando. Hay situaciones en las que no conviene esperar a la cita:

  • El niño no bebe, lleva horas sin orinar, tiene la boca seca, llora sin lágrimas o está muy decaído y somnoliento: son señales de deshidratación.
  • Fiebre alta que no cede con el tratamiento pautado o que se prolonga más de tres o cuatro días.
  • Dificultad para tragar la propia saliva, babeo con la boca muy abierta o dificultad para respirar.
  • Lesiones que se extienden alrededor o dentro del ojo, o que se diseminan por la piel.
  • Se trata de un bebé de pocas semanas o de un niño con las defensas bajas, en tratamiento oncológico o inmunosupresor.
  • Las encías siguen sangrando y la boca empeora pasados diez o doce días.

Cuando el cuadro ya ha pasado, merece la pena aprovechar la revisión para repasar el cepillado y comprobar que las encías han vuelto a la normalidad. Si tu hijo no tiene todavía dentista de referencia, la guía sobre la primera visita del niño explica qué se hace y cómo prepararla.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura?

La fiebre suele ceder en unos días y la boca mejora de forma progresiva a lo largo de una o dos semanas. Si pasado ese tiempo sigue habiendo úlceras nuevas, conviene revisarlo.

¿Puede ir a la guardería o al colegio?

Mientras tenga fiebre, dolor y lesiones activas, lo habitual es que se quede en casa: es contagioso por la saliva y además no va a comer ni beber bien fuera. La vuelta la decide quien lo esté atendiendo.

¿Hay que dar un antivírico?

No siempre. Se valora en casos concretos y tiene más sentido cuanto antes se empiece, así que es una decisión del pediatra, no algo que deba iniciarse en casa.

¿Le va a volver a pasar?

Esta primera infección tan generalizada no suele repetirse. Lo que sí puede aparecer con los años son brotes mucho más leves de herpes labial, con el tabaco, el sol, la fiebre o el estrés como desencadenantes.

Fuentes

Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.

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