Primera visita del niño al dentista: cuándo y cómo prepararla

Infantil Publicado 24 Jun 2024 6 min
En este artículo

Cuándo llevar al niño por primera vez al dentista, qué se hace en esa visita y cómo prepararla en casa sin transmitirle ningún miedo.

La primera visita al dentista debe hacerse antes del primer cumpleaños, o cuando erupcione el primer diente — lo que ocurra antes. Es la recomendación de la Sociedad Española de Odontopediatría, y sorprende a muchas familias porque llega mucho antes de lo que imaginaban. No se trata de tratar nada: se trata de empezar a prevenir cuando todavía no hay nada que tratar.

¿Por qué tan pronto, si solo tiene un diente?

Porque la caries no espera. La caries de la primera infancia puede aparecer en cuanto hay un diente en boca, y avanza deprisa en el esmalte fino de los dientes de leche. Sus grandes aliados son hábitos que se instauran justo en esa etapa: el biberón nocturno con leche o zumo, el chupete mojado en algo dulce, los azúcares entre horas. La visita del primer año sirve para revisar que todo va bien, pero sobre todo para que los padres salgan con instrucciones claras de higiene y alimentación antes de que un mal hábito eche raíces.

Hay un segundo motivo, menos evidente y casi tan importante: crear el vínculo. Un niño que conoce la consulta desde bebé, que va una o dos veces al año y para el que el dentista es un sitio normal, llega a los tratamientos —si algún día los necesita— sin miedo acumulado. La primera visita «de verdad» nunca debería ser una urgencia con dolor: ese es el peor escenario posible para estrenar dentista.

Qué se hace en la primera visita

  • Exploración adaptada a la edad. En bebés se hace a menudo en postura «rodilla con rodilla»: el niño en el regazo de su madre o padre, recostado hacia el profesional. Dura unos minutos.
  • Revisión de dientes, encías y frenillos, y del desarrollo general de la boca y la mordida.
  • Consejos de higiene por edad: cómo limpiar la boca del bebé, cuándo empezar con el cepillo, cuánta pasta fluorada usar y quién debe cepillar (los padres, durante bastantes años).
  • Repaso de la alimentación y de hábitos como el biberón nocturno, el chupete o el dedo.
  • Plan de revisiones: normalmente cada 6-12 meses, según el riesgo de caries de cada niño.

En la inmensa mayoría de los casos no se hace ningún tratamiento: la primera cita es corta, tranquila y, con suerte, hasta divertida. Si buscas consulta con odontopediatra para estrenaros, puedes comparar opiniones de clínicas de tu zona y pedir presupuesto en el directorio.

¿Cómo le hablo de la visita sin transmitirle miedo?

Con naturalidad y en positivo, y cuidando más lo que no dices que lo que dices. Funciona bien contarlo como algo normal y corriente —«vamos a que te cuenten los dientes y nos enseñen a cepillarlos»—, leer algún cuento sobre ir al dentista o jugar en casa a contarse los dientes con un espejo. Lo que no funciona: prometer «no te va a doler» (acabas de poner la palabra «doler» encima de la mesa cuando el niño ni la esperaba), usar términos como pinchazo, aguja o sacar, compensar la visita por adelantado con un premio desproporcionado —le estás diciendo que va a pasar algo malo— o relatar delante de él tus propias malas experiencias. Los niños leen la cara de sus padres mejor que cualquier explicación: si tú vas tranquilo, él va tranquilo.

¿Y si llora o no se deja explorar?

No pasa nada, y desde luego no es un fracaso. A ciertas edades —alrededor de los 2 años, por ejemplo— es esperable que el niño proteste, y los odontopediatras lo saben y trabajan con ello a diario: citas cortas, ritmo del niño, mucho juego. Aunque la exploración sea breve o incompleta, la visita cumple su función: el niño ha conocido el lugar, ha visto que no pasa nada y la siguiente será más fácil. Forzar o sujetar para «acabar hoy» es justo lo contrario de lo que conviene.

Después de la primera: la constancia importa más que el estreno

El beneficio real no está en una visita, sino en la serie: revisiones periódicas que permiten cazar cualquier problema cuando es pequeño, ajustar la prevención a cada etapa —erupción de las muelas definitivas, recambio, ortodoncia si llega— y mantener al niño familiarizado con la consulta. Entre visita y visita, el trabajo es en casa: cepillado dos veces al día con pasta fluorada, supervisado por un adulto, y azúcares bajo control. Con esa rutina, lo más probable es que el dentista de tu hijo se dedique durante años a una sola cosa: confirmar que todo va bien.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura y cuánto cuesta la primera visita?

Suele ser corta, de unos quince o veinte minutos, porque en un bebé la exploración es rápida y buena parte del tiempo se dedica a hablar con los padres. En cuanto al coste, muchas clínicas no cobran la visita de valoración; otras aplican una tarifa de consulta modesta. Lo práctico es preguntarlo por teléfono al pedir cita, y aprovechar para confirmar que atienden a niños de esa edad.

¿Tengo que entrar con él en la consulta?

En bebés y niños pequeños, sí, y de hecho la exploración se hace a menudo con el niño en el regazo del padre o la madre. A partir de cierta edad hay equipos que prefieren que el niño entre solo para trabajar sin el filtro de la reacción de los padres. Ninguna de las dos formas es mejor en abstracto: sigue el criterio del odontopediatra, que conoce lo que le funciona con cada edad.

¿Qué conviene llevar a la primera visita?

Poco: la cartilla de salud del niño si la tenéis a mano, la lista de cualquier medicación que tome y las dudas apuntadas, que en la consulta siempre se olvidan. Y conviene elegir una hora en la que el niño esté descansado y comido, no justo antes de la siesta. El resto lo pone el equipo. La primera cita es, sobre todo, una conversación sobre higiene y alimentación.

Fuentes

Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.

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