Se me ha reventado el flemón: ¿ya está curado?
Que el flemón drene y deje de doler no significa que esté curado: ha salido la presión, pero el diente que lo causa sigue ahí. Qué hacer en las primeras horas.
No, un flemón que se ha reventado no está curado: lo que ha salido es la presión, y la infección sigue en el diente que la provoca. Es la trampa más repetida de las infecciones dentales. El alivio llega de golpe, el dolor cae en picado y la hinchazón baja en unas horas, así que parece lógico pensar que ya está. Lo que ha pasado en realidad es que el pus ha encontrado una salida y el tejido ha dejado de estar a tensión. El origen no se ha tocado.
Por qué deja de doler de golpe
El dolor de un flemón es, en buena parte, dolor de presión. El pus se acumula en un espacio que no puede expandirse y comprime hueso, encía y terminaciones nerviosas. En el momento en que ese contenido drena —por la encía, por un lado del diente o hacia la boca—, la presión desaparece y con ella el dolor que te tenía sin dormir.
Lo notarás por el sabor salado o metálico, por una secreción espesa y por la hinchazón que se deshincha sola. A veces el drenaje se repite cada pocas semanas por un pequeño orificio que se abre y se cierra: eso ya no es un flemón agudo, es una fístula, y es la señal de una infección crónica que lleva tiempo instalada. Lo explicamos en bulto con pus en la encía: qué es una fístula dental.
Qué hacer en las primeras horas
Que el dolor haya pasado te da margen, no una solución. Con lo que hay que hacer ahora:
- Pide cita cuanto antes y di por teléfono que has tenido un flemón que ha drenado. Esa frase cambia la prioridad con la que te dan hora.
- No lo aprietes ni lo pinches. Apretar empuja bacterias hacia los tejidos profundos, que es justo el camino que no interesa. Y pinchar con una aguja en casa añade una herida sucia a una zona infectada.
- Si tienes antibiótico pautado, termínalo tal y como te lo indicaron, aunque te encuentres bien. Dejarlo a medias no cura la infección y favorece que las bacterias resistan. Y si no te lo ha pautado nadie, no empieces uno por tu cuenta ni recurras a lo que te sobró de otra vez.
- Higiene suave en la zona: cepillado cuidadoso, sin frotar el punto por donde ha salido el pus. Los enjuagues tibios y suaves ayudan a mantenerla limpia.
- Frío por fuera, nunca calor. El calor local dilata los vasos y puede ayudar a que la infección se extienda, así que nada de bolsas calientes ni de paños sobre la mejilla.
Por qué volverá si no se trata el diente
Un flemón casi siempre nace de dos sitios: de un nervio que se ha muerto dentro del diente, normalmente por una caries que llegó muy adentro o por un golpe antiguo, o de una bolsa periodontal profunda alrededor de la raíz. En los dos casos hay un foco que sigue produciendo bacterias. Mientras ese foco esté ahí, el ciclo se repite: días tranquilos, un episodio agudo, drenaje, calma otra vez.
Resolverlo significa actuar sobre la causa, y eso suele traducirse en una endodoncia para limpiar el interior del diente, en una extracción cuando el diente no es recuperable, o en el tratamiento de la bolsa si el origen está en la encía. Antes de eso, en la consulta se completa el drenaje y se valora el antibiótico. El cuadro completo, con los dos orígenes y lo que se hace en cada uno, está en flemón dental: qué es y por qué no debes esperar.
Hay otro motivo para no dejarlo pasar: cada episodio agudo se lleva por delante un poco de hueso alrededor de la raíz. Un diente que podría haberse salvado con una endodoncia puede acabar siendo inviable después de varios episodios, y entonces la factura es la de un implante o un puente en lugar de la de un tratamiento conservador.
Señales para no esperar a mañana
Lo habitual es que, tras drenar, la cosa mejore. Pero hay signos que indican que la infección se está extendiendo y que no admiten espera: acudir a un servicio de urgencias hospitalario es lo correcto si aparece alguno.
- Fiebre, escalofríos o sensación de malestar general.
- Hinchazón que crece y sube hacia el ojo, o que baja hacia el cuello o el suelo de la boca.
- Dificultad para abrir la boca, para tragar, para hablar o para respirar.
- Dolor intenso que vuelve con la hinchazón después de haber mejorado.
- Cualquier flemón en una persona con diabetes mal controlada, inmunodepresión, quimioterapia o una enfermedad cardíaca que requiera precauciones: el umbral para consultar baja mucho.
Preguntas frecuentes
¿Puedo apretarlo para que salga todo el pus?
No. La idea de «vaciarlo bien» es comprensible, pero al presionar se empuja contenido infectado hacia los planos profundos de la cara y el cuello, que es la vía por la que una infección dental se complica. El drenaje lo completa el dentista, con la zona anestesiada y, si hace falta, dejando un pequeño drenaje unos días.
Me ha reventado y estoy tomando antibiótico, ¿tengo que ir igual?
Sí. El antibiótico controla el episodio, pero no elimina el tejido necrótico ni la bolsa que lo mantiene. Es muy frecuente que el flemón reaparezca unas semanas después de acabar la caja si nadie ha tratado el diente. El antibiótico compra tiempo; el tratamiento resuelve.
Me he tragado el pus, ¿es peligroso?
No es agradable, pero por sí mismo no suele tener consecuencias: el ácido del estómago se encarga. Lo que importa es la infección que lo produce, no el pus que has tragado. Enjuágate con agua templada y no le des más vueltas.
¿Cuánto tarda en cerrarse el agujero por el que ha salido?
Si se trata la causa, la mucosa cierra en unos días. Si no se trata, lo esperable es que ese punto siga abriéndose y cerrándose de forma intermitente, con episodios de mal sabor cada cierto tiempo. Un orificio que vuelve una y otra vez es un diente pidiendo revisión, aunque no duela.
Fuentes
Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.
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