Chupete y dedo: cómo afectan a los dientes

Infantil Publicado 1 Jul 2024 6 min
En este artículo

Cómo afectan el chupete y el dedo a los dientes del niño, qué son la mordida abierta y la cruzada, cuándo retirarlos y por qué el dedo cuesta más.

El chupete y la succión del dedo deforman la mordida cuando el hábito se mantiene más allá de los 2-3 años: los efectos típicos son la mordida abierta anterior —los dientes de arriba y de abajo no llegan a tocarse al cerrar— y la mordida cruzada posterior, por estrechamiento del paladar. La buena noticia es que gran parte de esas alteraciones revierte sola si el hábito se abandona a tiempo. La menos buena: el dedo es bastante más persistente que el chupete y suele dar más guerra.

Qué le hacen exactamente a la boca

La succión mantenida es una fuerza suave pero constante, y los huesos de un niño pequeño son moldeables: la física hace el resto. El chupete o el dedo interpuestos entre los incisivos impiden que estos terminen de erupcionar, abriendo la mordida abierta anterior; la presión empuja además los incisivos superiores hacia fuera. Mientras tanto, la lengua —que en reposo debería apoyarse en el paladar y ensancharlo— queda en posición baja, y la musculatura de las mejillas comprime la arcada superior sin oposición: el paladar se estrecha y puede aparecer la mordida cruzada posterior, en la que las muelas de arriba muerden por dentro de las de abajo. De propina, la mordida abierta favorece que el niño coloque la lengua entre los dientes al tragar y al hablar, con los típicos problemas para pronunciar algunos sonidos.

El chupete: útil al principio, con fecha de caducidad

El chupete no es el enemigo. Durante el primer año tiene incluso un papel razonable —la succión calma, y su uso al dormir se ha asociado a un menor riesgo de muerte súbita del lactante—, y sus efectos sobre la mordida en esa etapa son menores y reversibles. El plan sensato es: uso libre los primeros meses, restricción progresiva a partir del año —solo para dormir, no de paseo permanente por la casa—, y retirada completa hacia los 3 años, que es cuando el riesgo de deformación deja de ser transitorio. Dos normas de oro mientras tanto: chupete anatómico y del tamaño adecuado, y jamás mojado en miel, azúcar o zumo — esa costumbre es una fábrica de caries.

Para retirarlo, mejor por etapas que de golpe: primero desaparece de las salidas, luego de la siesta, al final de la noche. Los rituales ayudan —regalarlo, «entregarlo» a algún personaje, cambiarlo por un cuento— y las recaídas puntuales no son un drama. Lo que no ayuda es la humillación («eso es de bebés») ni devolverlo al primer llanto una vez retirado.

¿Es peor el dedo que el chupete?

Como fuerza deformante son parecidos; como hábito, el dedo es peor enemigo por una razón práctica: no se puede tirar a la basura. Siempre está disponible, no depende de que un adulto lo ofrezca y suele estar más ligado al autoconsuelo, así que el hábito se prolonga más años y con más intensidad — y a más años de succión, más deformación y menos reversibilidad. Retirarlo pasa casi siempre por el refuerzo positivo: identificar cuándo lo hace (aburrimiento, sueño, televisión), ofrecer alternativas en esos momentos, calendarios de logros y mucha paciencia. Regañar o poner el foco constantemente en el dedo suele ser contraproducente. Si el hábito resiste pasados los 3-4 años, el odontopediatra puede sumar recursos —desde barnices de sabor amargo hasta, en casos rebeldes, pequeños aparatos que interfieren la succión—, siempre con supervisión profesional y con el niño de acuerdo, no como castigo.

¿Los dientes se recolocan solos al dejar el hábito?

En buena medida, sí — si el hábito cesa pronto. La mordida abierta anterior en dentición de leche tiende a cerrarse espontáneamente en los meses siguientes al abandono de la succión, y la posición de los incisivos mejora. La mordida cruzada con paladar estrecho es menos agradecida: una vez establecida no suele corregirse sola, y puede requerir valoración y tratamiento ortodóncico temprano — un tema con entidad propia que merece consulta específica. La regla general es sencilla: cuanto antes cesa el hábito, más trabajo hace la naturaleza y menos queda para el ortodoncista.

Cuándo consultar

Si el niño ha cumplido 3 años y sigue con chupete o dedo, si al cerrar la boca sus dientes delanteros no contactan, o si notas que muerde «cruzado» hacia un lado, pide valoración con un odontopediatra — la revisión periódica es el momento natural para plantearlo. Si aún no tienes profesional de confianza, puedes comparar opiniones de clínicas y pedir presupuesto en el directorio. Un vistazo a tiempo distingue entre lo que se arregla dejando el chupete y lo que conviene tratar antes de que crezca con el niño.

Preguntas frecuentes

¿Sirven de algo los chupetes anatómicos o fisiológicos?

Ayudan, sin ser una garantía. Su forma más plana ocupa menos espacio entre las arcadas y reparte mejor la presión que un chupete redondo clásico, y usar el tamaño adecuado a la edad también cuenta. Pero ningún diseño evita el efecto de un hábito prolongado: lo que determina la deformación es cuántas horas al día y hasta qué edad se mantiene la succión, no el modelo del chupete.

¿Y si se muerde las uñas en lugar del dedo?

La onicofagia no ejerce la succión mantenida que abre la mordida, pero tiene sus propios efectos: microfracturas en los bordes de los incisivos, desgaste, y con el tiempo puede desplazar dientes y sobrecargar la musculatura y la articulación. Además irrita la encía y traslada bacterias a la boca. Se aborda como los otros hábitos: identificando en qué momentos aparece y ofreciendo alternativas, sin convertirlo en una batalla diaria.

¿Afecta el chupete al habla?

De forma indirecta y por dos vías. Un chupete en la boca durante muchas horas resta tiempo de balbuceo y de práctica del habla en la etapa en que más se ensaya. Y la mordida abierta que provoca el hábito prolongado favorece que la lengua se interponga entre los dientes, con dificultades típicas para pronunciar algunos sonidos. Si a los cuatro o cinco años persisten, conviene valorarlo con el logopeda.

Fuentes

Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.

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