Qué medicación debes contarle a tu dentista (y por qué)
Anticoagulantes, antiagregantes, bifosfonatos, inmunosupresores, marcapasos: qué medicación y qué antecedentes debes decirle al dentista y por qué cambian el tratamiento.
Hay una pregunta que toda clínica debería hacerte en la primera visita y que muchos pacientes responden de memoria y a medias: qué medicación tomas. No es burocracia. Varios fármacos de uso común cambian por completo cómo se planifica una extracción o una cirugía, y uno de ellos puede desaconsejarla del todo.
Lo que hay que decir siempre
- Todos los medicamentos, con su nombre exacto y su dosis. Incluidos los que tomas «desde hace años» y los de venta libre.
- Suplementos y productos de herbolario. El ginkgo, el ajo en cápsulas o las dosis altas de vitamina E también afectan a la coagulación.
- Enfermedades crónicas: diabetes, cardiopatías, problemas de riñón o hígado, enfermedades autoinmunes.
- Alergias, sobre todo a antibióticos y a anestésicos.
- Prótesis articulares, válvulas cardíacas, marcapasos, stents.
- Radioterapia previa en cabeza o cuello, y quimioterapia.
- Embarazo o sospecha de embarazo.
La forma práctica de no olvidarse: llevar una foto del pastillero o la hoja de tratamiento del médico de familia.
Anticoagulantes y antiagregantes
Es el caso más frecuente y también el peor gestionado, casi siempre por exceso de prudencia.
La recomendación actual es no suspenderlos por tu cuenta. Interrumpir un anticoagulante o un antiagregante para una extracción dental supone un riesgo de trombosis mayor que el riesgo de sangrado que se intenta evitar, y ese sangrado se controla localmente: sutura, apósitos hemostáticos, compresión con gasa y enjuagues con antifibrinolítico si hace falta.
Lo que sí debe hacerse: decirlo antes, para que la clínica planifique la intervención de mañana y no de última hora, tenga el material hemostático preparado y, en el caso de los anticoagulantes clásicos, valore con tu médico si conviene comprobar el INR reciente. La decisión de ajustar o no la pauta es de quien te la prescribió, nunca del paciente ni del dentista por su cuenta.
Bifosfonatos y otros fármacos para el hueso
Los bifosfonatos —y otros antirresortivos usados en osteoporosis y en oncología— se asocian a un riesgo poco frecuente pero serio: la osteonecrosis de los maxilares, un hueso que no cicatriza tras una extracción.
El riesgo es bajo con las pautas orales para osteoporosis y bastante mayor con las intravenosas de uso oncológico, pero el manejo cambia en ambos casos: se prioriza lo conservador frente a extraer, se extrema la prevención y, cuando hay que intervenir, se hace con protocolo específico.
Si vas a empezar un tratamiento con bifosfonatos, el momento de ir al dentista es antes de empezar, no después: dejar la boca en orden previamente es lo que más reduce el riesgo. Y si ya los tomas, dilo aunque hayas dejado de tomarlos: el efecto sobre el hueso persiste años.
Inmunosupresores, corticoides y quimioterapia
Reducen la capacidad de responder a una infección y de cicatrizar. No impiden tratarse, pero cambian los tiempos: se prefiere resolver los focos infecciosos antes de iniciar el tratamiento inmunosupresor o la quimioterapia, y durante el tratamiento se coordina con el equipo médico.
En pacientes con trasplante o en quimioterapia activa, cualquier procedimiento invasivo se consulta con el especialista que lleva el caso.
Marcapasos, válvulas y prótesis articulares
Marcapasos y desfibriladores: los dispositivos actuales están apantallados y el instrumental dental habitual no supone un problema. Aun así se declara, porque hay equipos —algunos bisturís eléctricos y ciertos dispositivos— cuyo uso se evita o se ajusta.
Válvulas cardíacas y endocarditis: la profilaxis antibiótica antes de procedimientos dentales ya no se indica de forma generalizada. Se reserva para un grupo concreto de pacientes de alto riesgo —portadores de válvula protésica, endocarditis previa y algunas cardiopatías congénitas— y la pauta la decide el cardiólogo. Si te han dicho alguna vez que debes tomar antibiótico antes del dentista, lleva el informe.
Prótesis de cadera o rodilla: hoy no se recomienda profilaxis antibiótica rutinaria por el hecho de llevarlas. Coméntalo igualmente.
Diabetes
Merece punto aparte porque la relación va en los dos sentidos: la diabetes mal controlada agrava la enfermedad de las encías y retrasa la cicatrización, y la inflamación periodontal dificulta el control glucémico. Tratar la periodontitis mejora ambas cosas.
Para una cirugía, lo práctico: cita a primera hora, haber desayunado y tomado la medicación como siempre, y avisar de tu último control. Con la diabetes compensada, los resultados en implantes se acercan a los de cualquier paciente.
Qué preguntar tú
- Con mi medicación, ¿hay que hacer algo distinto en este tratamiento?
- ¿Hace falta que hable con mi médico antes?
- ¿Puedo tomar el analgésico habitual con lo que ya tomo?
- ¿Qué señales debo vigilar en casa después?
- ¿A quién llamo si sangra más de lo esperado?
Preguntas frecuentes
¿Puedo dejar el Sintrom unos días para que me saquen una muela?
Nunca por tu cuenta. La pauta actual en extracciones sencillas es mantenerlo y controlar el sangrado localmente; cualquier ajuste lo decide quien te lo prescribió, no el dentista ni tú.
¿El ibuprofeno es compatible con mi medicación?
Con anticoagulantes y antiagregantes conviene preguntar: los antiinflamatorios pueden aumentar el riesgo de sangrado, y a veces se prefiere paracetamol. También hay que tener cuidado con hipertensión, problemas renales y úlcera.
¿La anestesia dental es segura con problemas de corazón?
En general sí. En algunos casos se usa anestésico con menos vasoconstrictor o sin él, y por eso importa que sepan tu situación antes de pinchar.
¿Y si tomo algo que me da vergüenza contar?
La historia clínica es confidencial y el objetivo es tratarte con seguridad. Omitir un fármaco no evita el problema: lo traslada al postoperatorio.
Fuentes
Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.
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