Lidocaína, articaína o mepivacaína: qué anestésico te pone el dentista
Lidocaína, articaína y mepivacaína son de la misma familia y todas funcionan. Qué las diferencia, para qué sirve el vasoconstrictor y qué debes contar.
Los tres anestésicos que casi siempre te pone el dentista —lidocaína, articaína y mepivacaína— pertenecen a la misma familia, la de las amidas, y los tres dejan la zona dormida sin dolor. Lo que cambia entre ellos es cuánto duran, cómo difunden por el hueso y si llevan o no un vasoconstrictor que concentra el efecto donde interesa. La elección la hace el dentista según el tratamiento que vas a recibir y según tu historial, y por eso lo único que de verdad está en tu mano es que ese historial esté completo antes del pinchazo.
Todos son de la misma familia, y eso importa
Los anestésicos locales se agrupan en dos tipos. Los de tipo éster, más antiguos, prácticamente no se usan hoy en odontología inyectados. Los de tipo amida son los actuales: lidocaína, articaína, mepivacaína y algún otro. Que sean de la misma familia explica dos cosas que aparecen mucho en consulta: que la alergia verdadera a estos anestésicos sea excepcional, y que ser alérgico a uno no implique automáticamente serlo a todos.
Cómo funcionan es idéntico en los tres: bloquean la transmisión del nervio en la zona donde se depositan, así que el diente deja de enviar la señal de dolor al cerebro. No te duermen, no afectan a la conciencia y no tienen nada que ver con la sedación ni con la anestesia general. Esa parte, junto a las tres formas de aplicarlos —tópica, infiltrativa y troncular—, está explicada en la guía de tipos de anestesia dental.
Qué diferencia a los tres en la práctica
Estas son las diferencias que tienen consecuencias para ti, sin entrar en dosis, que son decisión clínica:
- Lidocaína. Es la referencia clásica con la que se han comparado todas las demás, y sigue siendo de uso habitual. Se emplea con vasoconstrictor para trabajar con comodidad en tratamientos de duración media.
- Articaína. Difunde especialmente bien por el hueso, lo que la hace útil cuando hace falta anestesiar una zona concreta sin recurrir a un bloqueo amplio, y en molares inferiores difíciles. Es muy usada en España.
- Mepivacaína. Su particularidad es que existe una presentación sin vasoconstrictor, y es la razón por la que se elige en pacientes en los que se prefiere evitarlo. A cambio, su efecto es notablemente más corto.
De ahí salen las consecuencias prácticas. Un empaste sencillo no necesita el mismo tiempo de anestesia que una extracción quirúrgica o una endodoncia larga, y el dentista ajusta la elección a eso. Si el tratamiento se alarga más de lo previsto, es normal que haya que reforzar la anestesia a mitad de la sesión: no significa que la primera no funcionara, sino que su efecto se estaba agotando.
Como orientación general de duraciones, una infiltración en dientes de arriba suele mantener la zona dormida un par de horas, un bloqueo de todo un lado de la mandíbula puede llegar a varias horas con la lengua incluida, y una anestesia sin vasoconstrictor dura claramente menos que las demás. La parte que más molesta —el labio y la lengua dormidos— siempre dura más que la parte útil para el tratamiento.
Para qué sirve el vasoconstrictor y quién lleva anestesia sin él
La mayoría de los cartuchos llevan una cantidad muy pequeña de adrenalina o de un vasoconstrictor equivalente. No está por capricho: cierra los vasos de la zona, y eso hace tres cosas a la vez. Mantiene el anestésico donde se ha depositado en lugar de que se reparta por el organismo, alarga el efecto para no tener que repinchar en mitad del tratamiento, y reduce el sangrado del campo, lo que en cirugía es una ventaja evidente.
Que a alguien se le ponga anestesia sin vasoconstrictor es una decisión clínica concreta, no una versión «más suave» o «más natural». Se plantea sobre todo cuando hay razones para evitar ese componente, por ejemplo en determinadas situaciones cardiovasculares, con algunos tratamientos farmacológicos que interaccionan, o en intervenciones muy cortas en las que no aporta nada. La contrapartida es que dura menos y sangra algo más, así que no se elige «por si acaso».
Hay además una confusión frecuente que conviene deshacer: las palpitaciones, el sudor o el temblor que algunas personas notan justo después del pinchazo suelen deberse al vasoconstrictor o a la propia ansiedad, y no son una reacción alérgica. Si te ha pasado, dilo: se puede ajustar la técnica y la elección del anestésico, y si hay dudas reales existe un estudio alergológico específico que las aclara.
Qué conviene contarle al dentista antes del pinchazo
La elección del anestésico se hace con esta información, así que llevarla preparada evita sorpresas:
- Toda tu medicación actual, incluidos los tratamientos que consideras menores y los suplementos. Algunos fármacos, entre ellos ciertos antidepresivos y determinados tratamientos cardiológicos, condicionan la elección.
- Enfermedades del corazón, tensión alta, arritmias o un episodio cardiovascular reciente.
- Embarazo o lactancia. Los anestésicos locales se usan en el embarazo cuando hace falta tratar; lo que cambia es la elección, el momento y la cantidad.
- Cualquier reacción previa en el dentista, con el máximo detalle: qué notaste, cuánto tardó en aparecer y cuánto duró.
- Si en otras ocasiones la anestesia te ha hecho poco efecto. Es un dato técnico valioso, porque existen alternativas de técnica y de fármaco. Las causas están recogidas en la guía sobre cuando la anestesia no hace efecto.
Y una nota sobre lo que viene después: mientras la zona esté dormida conviene no comer alimentos duros ni calientes, porque puedes morderte el labio o la mejilla sin notarlo. En niños ese aviso es especialmente importante, porque las heridas por mordisqueo del labio anestesiado son una consulta habitual la tarde del tratamiento.
Preguntas frecuentes
¿Puedo pedir un anestésico concreto?
Puedes contar tu experiencia previa y tus preferencias, y es útil que lo hagas, pero la elección final es clínica: depende del tratamiento, de la zona, de la duración prevista y de tu historial. Lo que sí es razonable pedir es que te expliquen por qué se ha elegido ese y no otro.
¿Es verdad que la anestesia sin adrenalina es más segura?
No como regla general. Es la opción adecuada en los casos en los que hay motivos para evitar el vasoconstrictor, y en el resto tiene desventajas: dura menos, obliga a repinchar con más frecuencia y deja un campo con más sangrado. La seguridad no depende de llevar o no vasoconstrictor, sino de que la elección y la cantidad se ajusten a tu situación.
Me dijeron que soy alérgico a la anestesia del dentista, ¿ya no puedo tratarme?
Casi siempre se puede. La alergia confirmada a los anestésicos locales de tipo amida es muy poco frecuente, y muchas de las reacciones que se recuerdan como alérgicas no lo eran. Lo que corresponde es un estudio alergológico que diga qué toleras, en lugar de renunciar a tratarte o de asumir un riesgo a ciegas.
¿Se puede conducir después?
Con anestesia local, en general sí, aunque conviene esperar a encontrarte bien y no hacerlo si has notado mareo. Es distinto si has recibido sedación: en ese caso no se conduce ese día y necesitas que alguien te acompañe.
Fuentes
Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.
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