¿Por qué los dientes nuevos de mi hijo salen con picos?
Los picos del borde de los dientes nuevos se llaman mamelones y son normales: se desgastan solos. Cuándo no se van y qué no hay que hacer nunca.
Esos picos del borde de los dientes nuevos se llaman mamelones, son completamente normales y en la mayoría de los niños se desgastan solos con el uso. No son un defecto del esmalte, ni una señal de caries, ni un diente mal formado: son los tres lobulitos con los que se forma todo incisivo definitivo, que al salir todavía no se han alisado porque el diente aún no ha chocado con el de enfrente. Entender eso ahorra muchas visitas de urgencia y, sobre todo, evita la tentación de limarlos.
Qué son los mamelones y por qué están ahí
Un incisivo no se forma como una pieza lisa a la que luego se le dibuja el borde. Se forma desde tres puntos de crecimiento que se van uniendo, y el borde que resulta de esa unión queda ondulado, con tres pequeños relieves separados por dos muescas. Mientras el diente está dentro del hueso, nada los desgasta. Cuando asoma en la boca, el borde aparece tal cual se formó: en picos, como una sierra pequeña.
Los más llamativos son los de las paletas superiores, que son los dientes más visibles y los que salen hacia los siete u ocho años. También se ven en los incisivos de abajo y en los laterales. Si los miras de cerca, verás que los tres picos son bastante simétricos y que el esmalte tiene el mismo brillo y el mismo color en toda la superficie: eso es lo que distingue un mamelón de un trozo roto.
Es frecuente que al principio el diente nuevo parezca además más grande, más amarillo y más «basto» que los dientes de leche de al lado. Esa sensación es normal y se explica en la guía sobre los dientes definitivos que salen torcidos: el definitivo es otro diente, con otro tamaño y otro tono, y la boca tarda en ponerse a su medida.
Cuándo desaparecen solos y cuándo no
El desgaste lo produce el uso: el roce con los dientes de abajo al morder y al masticar. En la mayoría de los casos los picos se van suavizando a lo largo de los meses siguientes y, en un par de años, el borde queda prácticamente recto sin que nadie haya tocado nada.
Hay situaciones en las que ese pulido natural no ocurre, y casi todas tienen un punto en común: los dientes de arriba y los de abajo no llegan a contactar como deberían.
- Mordida abierta, cuando queda un hueco entre los incisivos de arriba y de abajo al cerrar. Sin contacto no hay desgaste.
- Dientes de arriba muy adelantados, de forma que los de abajo no alcanzan su borde.
- Hábitos que mantienen la boca abierta, como chuparse el dedo, el chupete mantenido más allá de la edad recomendada o respirar por la boca.
- Apiñamiento, que gira los dientes y hace que solo algunos picos entren en contacto; de ahí que a veces un lado se alise y el otro no.
Que los mamelones sigan ahí a los diez u once años no es una urgencia, pero sí es un dato que conviene comentar en la revisión, porque suele ir de la mano de otra cosa que sí tiene su momento de tratamiento. En un adolescente o en un adulto, unos mamelones muy marcados son señal de que esos dientes nunca han trabajado bien juntos.
Qué no hay que hacer
La respuesta más importante de esta guía es la que no suena a tratamiento: no hay que limarlos en casa bajo ningún concepto. El esmalte no se regenera, y lo que se quita con una lima de uñas o con cualquier objeto casero no vuelve. Lo que sí puede aparecer es sensibilidad al frío, un borde que se astilla con facilidad y un diente que ya nunca tendrá la forma original. Los vídeos que circulan con este tipo de arreglos domésticos son uno de los motivos de consulta que más fastidian a los dentistas, porque llegan cuando el daño ya está hecho.
Tampoco conviene pedir un limado estético en un niño que acaba de estrenar los dientes. Esos picos son material sano y, si la mordida funciona, se irán solos. El retoque del borde, cuando está indicado, se hace en dientes que ya han terminado de erupcionar y después de valorar cómo cierra la boca; se explica en la guía de contorneado dental estético.
Y una tercera cosa que no hace falta: cambiar nada de la higiene por los mamelones. Las muescas no acumulan más placa de lo normal si el cepillado llega bien al borde y a la cara de detrás del diente, que es la zona que los niños se dejan.
Otros bordes y formas que sí conviene mirar
Como los mamelones son normales, el valor de saber reconocerlos está en distinguirlos de lo que no lo es:
- Un borde astillado o con una muesca irregular y una sola, sobre todo si hubo un golpe. Ahí no hay tres picos simétricos, hay una pérdida de esmalte con un borde afilado.
- Manchas blancas, amarillas o marrones en la superficie del diente nuevo, con el esmalte que se nota rugoso o que se descascarilla. Eso puede ser hipomineralización y necesita valoración.
- Un borde translúcido o grisáceo que avanza, que puede indicar desgaste por ácidos o por apretar.
- Un diente con forma de clavija, más estrecho y puntiagudo que sus vecinos, en lugar de un borde con tres lóbulos.
- Un diente que parece doble o demasiado ancho, con un surco profundo en el medio.
Nada de esto es un diagnóstico que se pueda hacer desde una foto, y esta guía no sustituye a una revisión. Si tienes dudas sobre la forma de un diente nuevo de tu hijo, la revisión anual del dentista es el sitio para resolverlas; si hubo un golpe o el niño tiene dolor, no esperes a esa cita.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden limar los mamelones en la consulta?
Se puede pulir el borde de un diente, pero en un niño recién erupcionado casi nunca está indicado: se quita esmalte sano para resolver algo que el uso resuelve gratis. La decisión depende de la edad, de cómo cierra la mordida y de si el diente ha acabado de salir, y la toma el dentista tras explorarlo.
¿Significa que mi hijo va a necesitar ortodoncia?
Por sí mismos, no. Lo que orienta es si siguen intactos pasados varios años, porque entonces suele haber una mordida que no contacta bien, y eso es lo que se valora. Tener mamelones a los siete años no predice nada.
¿Los dientes de leche también tienen picos?
Mucho menos marcados y, cuando el niño llega a la edad del cambio, ya están desgastados por años de uso. Esa es parte de la razón de que el contraste llame tanto la atención: al lado de un diente de leche liso y pequeño, el definitivo recién salido parece enorme y dentado.
Tengo treinta años y todavía me quedan picos, ¿se pueden igualar?
Sí, y en un adulto sí suele tener sentido valorarlo, porque esos bordes indican que esos dientes nunca han contactado. Se puede pulir el borde o reconstruirlo con composite, pero antes conviene entender por qué no se desgastaron, no vaya a ser que el retoque se rompa por la misma razón.
Fuentes
Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.
Precios, opiniones verificadas y presupuesto sin dar tus datos. Empieza por la guía de odontopediatría.