Aparatos funcionales: el aparato que adelanta la mandíbula en niños
Los aparatos funcionales aprovechan el crecimiento para adelantar la mandíbula de un niño con los dientes de arriba salidos. Cómo y a qué edad.
Un aparato funcional es un aparato de ortodoncia que aprovecha el crecimiento del niño para adelantar la posición de la mandíbula, en lugar de limitarse a mover dientes uno a uno. Se plantea sobre todo cuando los dientes de arriba quedan muy por delante de los de abajo porque la mandíbula se ha quedado corta, lo que en el informe del ortodoncista aparece como clase II. No corrige nada por sí solo si el niño no lo lleva: todo su efecto depende de las horas de uso y de que llegue en el momento del crecimiento en que todavía hay margen.
Qué corrigen y qué no
Hay dos razones distintas por las que los dientes de delante pueden quedar salidos. Una es dental: los dientes están inclinados hacia fuera, pero los huesos están donde deben. Otra es esquelética: los dientes acompañan a una mandíbula que se ha quedado por detrás. Los aparatos funcionales se dirigen a la segunda, y ahí está la clave para entender para qué sirven y para qué no. Qué significa cada clase y cómo se distingue lo dental de lo esquelético está explicado en maloclusión de clase I, II y III.
Lo que se busca es que la mandíbula se desarrolle en una posición más adelantada mientras el niño todavía crece. Como efecto práctico, el escalón entre los dientes de arriba y los de abajo se reduce, el perfil cambia algo y, en muchos casos, lo que venía siendo una ortodoncia complicada en la adolescencia se convierte en una más sencilla.
Lo que no hacen: no alinean los dientes. Casi siempre son una primera fase, no el tratamiento completo. Después suele hacer falta una ortodoncia con brackets o alineadores para colocar cada diente en su sitio. Y no sustituyen a la cirugía en los casos en los que la diferencia entre los maxilares es muy grande o el crecimiento ya ha terminado: en un adulto, un aparato funcional no mueve huesos, y la conversación entonces es otra, la de la cirugía ortognática.
Los tipos que vas a oír en la consulta
Hay muchos diseños y cada ortodoncista tiene sus preferencias, pero se agrupan en dos familias:
- Removibles: el niño los quita y los pone. El más conocido es el Twin Block, dos piezas de acrílico, una para cada arcada, con unos bloques que obligan a cerrar la boca con la mandíbula adelantada. En esta familia entran también el bionator y otros aparatos de una sola pieza.
- Fijos: van pegados o unidos a los brackets y actúan todo el tiempo, sin depender de que el niño se acuerde. Se usan sobre todo cuando la colaboración con el removible no funciona o cuando interesa combinar las dos cosas a la vez.
El removible pide colaboración y suele llevarse muchas horas al día, incluida la noche; el fijo no depende de ella, pero molesta más al principio y dificulta la higiene. No hay uno mejor en abstracto: la elección depende de la edad, del tipo de mordida y, sin ningún disimulo, de lo realista que sea esperar que un niño de once años lleve un aparato doce horas diarias durante meses.
La edad: por qué el momento lo decide todo
Estos aparatos funcionan porque el hueso del niño todavía está creciendo, así que el margen de actuación tiene fecha de caducidad. El momento que se busca es el del empujón de crecimiento puberal, que llega antes en las niñas que en los niños y que varía bastante de un caso a otro. Por eso el ortodoncista no se guía solo por la edad del carné: valora la fase de recambio de dientes, la talla, el estirón reciente y, si hace falta, una radiografía de la mano o de las vértebras del cuello para estimar cuánto crecimiento queda.
Esto explica una respuesta que desconcierta a muchos padres: que les digan que todavía es pronto. Empezar demasiado temprano alarga el tratamiento sin ganar nada, porque el crecimiento aprovechable llega después; empezar demasiado tarde deja el aparato sin la fuerza que lo hace funcionar. Lo que sí tiene sentido es la primera consulta temprana, para tener el caso vigilado y entrar en el momento justo. Cuándo conviene esa primera cita y qué otras cosas se corrigen en edades anteriores está en la ortodoncia interceptiva.
Los primeros días y qué se le pide al niño
La adaptación suele ser incómoda durante una o dos semanas. Es habitual que al principio cueste hablar con claridad, que haya más saliva, que los dientes y la mandíbula queden algo doloridos al retirar el aparato y que la postura nueva de la mandíbula resulte rara. Eso se va, y la forma de que se vaya antes es llevarlo, no descansar.
Lo que ayuda en la práctica:
- Cumplir las horas pactadas desde el primer día; los descansos alargan la adaptación y el tratamiento.
- Guardarlo siempre en su caja, nunca en una servilleta ni en el bolsillo: así se pierden y se rompen la mayoría.
- Limpiarlo a diario con cepillo y agua, y cepillarse los dientes antes de ponerlo.
- Avisar si roza en un punto concreto: se ajusta en cinco minutos y no hay que aguantarlo.
- Protegerlo en el deporte: en deportes de contacto conviene hablar con el ortodoncista sobre el protector adecuado.
Y una expectativa honesta: el resultado depende de cuánto y cómo crezca cada niño, algo que no se controla del todo. Lo razonable es esperar una mejora de la relación entre las arcadas y un tratamiento posterior más sencillo, no una transformación garantizada del perfil. Si a mitad de camino tenéis dudas sobre lo que se está consiguiendo, pedir que os expliquen los registros de control y compararlos con los del inicio es una petición normal y razonable.
Preguntas frecuentes
¿Mi hijo se librará de los brackets?
Normalmente no. El aparato funcional trabaja la relación entre los maxilares; alinear los dientes es una fase distinta que casi siempre llega después. Lo que suele conseguirse es que esa segunda fase sea más corta y menos complicada, y en algunos casos que se eviten extracciones.
¿Y si ya es adolescente o adulto?
En un adolescente puede seguir habiendo margen si todavía le queda crecimiento, y eso se valora caso a caso. En un adulto, el crecimiento ha terminado: lo que se puede hacer es compensar con ortodoncia la posición de los dientes o, si la diferencia es grande, plantear cirugía junto con la ortodoncia.
¿Cambia la cara?
Puede cambiar algo el perfil al modificar la posición de la mandíbula y reducir el escalón entre los dientes. La magnitud varía mucho de una persona a otra y no se puede prometer un resultado concreto. Pide fotos de control durante el tratamiento para ver la evolución real en vez de ir a la impresión.
¿Lo cubre la sanidad pública?
La ortodoncia no entra en la cartera común de servicios salvo casos muy concretos ligados a malformaciones, así que lo habitual es que se pague en el ámbito privado. Algunos seguros dentales ofrecen precios de franquicia. Pregunta siempre el importe de tu póliza antes de empezar.
Fuentes
Información general elaborada por la redacción a partir de las fuentes citadas al final. No sustituye a la consulta con un dentista ni constituye consejo médico: cada caso necesita una valoración profesional.
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